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| Yo en el jardín de la azotea |
Me encanta el mar, bueno me gusta el agua, la salada del mar menos, pero si es cuestión de chapotear, saltar y buscar piedras la que me pongas.
Cuando veo al humano grandote meterse a buscar piedras me da una rabia no poder hacerlo.
¿ Pero por qué yo no?
Y él, -que nó Luna.
- Ni se te ocurra entrar en la piscina.
Por eso sé que las piedras de la piscina están prohibidas. Por eso y porque pone una cara así como si le doliera algo muy grave o hubiese hecho algo malo, me limita; esa cara me limita mucho y el tono más alto; otro punto clave para quedarme parada y llorarle un poco.
Estos días, todos hablan de agua.
-Que si, el agua del norte es fría.
-Y si llamamos dónde siempre, ese agua es buena.
-Te cobran por el agua de las comidas. (Por favor que no se refiera a que me van a dejar de dar agua en la comida)
-A mí me gusta más el agua de Levante.
Para mí lo importante es seguir las piedra que me tiran todos, siempre las echan al agua y ala a recoger. Soy buena no hay piedra que se me resista.
Hay mucho revuelo, parece ser que nos vamos a algún sitio.
El otro día me cortaron las uñas (una tontería porque salen de nuevo) ya no podía casi andar; tenía que pedirle permiso sobre todo a las delanteras. A mí no me gusta, pero no lo puedo reprimir es ver una bata blanca y se que tienen chuches; nunca me dejan sin ellas pero siempre piden algo a cambio:
-SIT
-SPLASH
*vale pero dame la galleta.
Se van al agua, espero que esta vez me lleven con ellos porque Madrid me enamora; pero me gusta más la playa de Madrid. En la playa hago carreras con la madre y el hijo, siempre los gano.
Y quieres que os cuente por qué debéis ir a un hotel que admita mascotas. Porque ese hotel es respuesta de limpieza, y atención hacia sus clientes. Un cliente que quiere pagar porque su mascota vaya con él de viaje, es un cliente que se preocupa por su familia, por él mismo y por tanto por su mascota.

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